Comenzó como uno de los mejores en todos los sentidos, escondido y solitario hasta que se le empezaron a pegar otros restaurantes por los costados, con un chef que rajaba paladares y te obligaba a volver por las exquisiteces, pero luego algo cambió… Quizás porque el Sr. Trocca dejó de figurar en la carta como chef y fue reemplazado por Gonzalo Sacot, o quizás porque el cambio le favorece el turismo a la Argentina y se llena, por sobre todo, de brasileros.
Llamado por el mismo nombre de la calle en la que está ubicado, nos dirigimos a Sucre al 600 intentando dejar de lado los prejuicios que se pueden hacer intentamos repetidas veces ser atendidos con cordialidad y respeto por los empleados, lo cual nunca lo logramos, y nuestra última visita fue la peor: haciéndonos esperar una hora reloj en la barra por una mesa para dos mientras que brasileros, ingleses y franceses llegaban sin reserva y se los acomodaba sin problemas. Tras repetidas veces de ver la situación nos acercamos para pedir que no se olviden de nosotros puesto que ya había pasado una hora. Finalmente nos acomodaron pero por supuesto; la mesa no estaba limpia ni completa, la bebida la pedimos dos veces y la trajeron luego de la entrada; el sommelier se paseaba como una parca por el salón sin llenar las copas de vino y las camareras se reían y charlaban entre ellas teniendo el salón completo.
Considero que para mantener los precios que tienen debería dar un mejor servicio puesto que en algún momento, como en todas las economías de los países, la moneda cambiará su valor y puede dejar de ser conveniente para el turismo extranjero y solo van a vivir de nosotros a quienes ya han tratado bastante mal por mucho tiempo.
Saludos cordiales;
La Gorda Critica.
Continue reading...
Llamado por el mismo nombre de la calle en la que está ubicado, nos dirigimos a Sucre al 600 intentando dejar de lado los prejuicios que se pueden hacer intentamos repetidas veces ser atendidos con cordialidad y respeto por los empleados, lo cual nunca lo logramos, y nuestra última visita fue la peor: haciéndonos esperar una hora reloj en la barra por una mesa para dos mientras que brasileros, ingleses y franceses llegaban sin reserva y se los acomodaba sin problemas. Tras repetidas veces de ver la situación nos acercamos para pedir que no se olviden de nosotros puesto que ya había pasado una hora. Finalmente nos acomodaron pero por supuesto; la mesa no estaba limpia ni completa, la bebida la pedimos dos veces y la trajeron luego de la entrada; el sommelier se paseaba como una parca por el salón sin llenar las copas de vino y las camareras se reían y charlaban entre ellas teniendo el salón completo.
Considero que para mantener los precios que tienen debería dar un mejor servicio puesto que en algún momento, como en todas las economías de los países, la moneda cambiará su valor y puede dejar de ser conveniente para el turismo extranjero y solo van a vivir de nosotros a quienes ya han tratado bastante mal por mucho tiempo.
Saludos cordiales;
La Gorda Critica.
